Hace 5 minutos
No puedes verte a ti mismo. Sabes el aspecto que tienes por espejos y fotografías, pero andando por el mundo, cuando te mueves entre la gente, ya sean amigos, desconocidos o los seres que más quieres íntimamente, tu propio rostro resulta invisible para ti. Puedes ver otras partes de ti mismo, brazos y piernas, manos y pies, hombros y torso, pero solo por delante, nada por la espalda salvo la parte de atrás de las piernas si las tuerces y las pones en la posición adecuada, pero no la cara, nunca tu rostro, y en el fondo -al menos en lo que respecta a los demás- tu rostro es lo que eres, el factor esencial de tu identidad. Los pasaportes no incluyen fotografías de manos y pies. Incluso tú mismo, que ya llevas sesenta y cuatro años viviendo en el interior de tu cuerpo, probablemente serías incapaz de reconocerte el pie fotografiado aisladamente, por no hablar de la oreja, el codo o uno de tus ojos en primer plano. Todo ello muy familiar en el contexto general, pero enteramente anónimo considerado elemento a elemento. Todos somos extraños para nosotros mismos, y si tenemos alguna sensación de quienes somos, es solo porque vivimos dentro de la mirada de los demás.
Paul Auster: “Diario de invierno”, fragmento. (via humanoxdemasiadoxhumano)
Perfection.

Perfection.

Dream Scream.

“Aquí en la casa a orillas del mar, en su casa de infancia, es donde ha elegido esperar la muerte. Yo lo acompaño. Es aún verano. No sabía que se moría en verano. Creía que la muerte siempre se presentaba en invierno, que exigía frío, tiempo gris, desolación; y descubro que también faena a pleno sol, a plena luz”.

The Night the Rabbits Came by Kat Philbin

The Night the Rabbits Came by Kat Philbin

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Si todo se va a la mierda, que se vaya, en serio. Lo único que pido son señales claras y definitivas, para dejar de ahogarme en este asqueroso mar de ambiguedades.

La gente está loca.

La gente está loca.

likeafieldmouse:

Alvaro Sanchez-Montanes - Indoor Desert (2010)

“By the end of World War I, diamond mines in Kolmanskuppe, a site in the Namib Desert, ceased to be exploited. For over two decades it had been one of the wealthiest settlements in Southern Africa. During that time of splendour, German colonists who run the site had built their peculiar residences there evoking the architecture and décor of those in their homeland Bavaria. After it was closed down and its inhabitants left, Kolmanskuppe became a ghost town engulfed by desert sands. With his series Indoor Desert, Sanchez-Montanes enters these houses abandoned to the desert to unveil the serene enchantment that dwells in their chambers.”

Perderse, con la edad, se pierde

Tengo la necesidad de perderme. Perderme rápido, como niña distraída en el mercado. Y que no me busquen. Y que sea de tarde. Porque tiene que ser bueno perderse en la tarde. Y quizás encuentre al tipo que se fue a comprar cigarillos con un par de maletas en la mano. Y quizás le comparta de los mios.